Lo que pasó aquí
El castillo fue reconstruido a partir de la década de 1440 por Juan Hunyadi —Iancu de Hunedoara—, el general transilvano que encabezó la lucha contra los otomanos, sobre una fortificación anterior. Su hijo Matías Corvino llegó a rey de Hungría y continuó las obras.
Propietarios posteriores añadieron alas renacentistas, y una larga restauración del siglo XIX tras un incendio le dio buena parte de su aire romántico. Hoy pertenece al Estado rumano y es un museo.
Las leyendas
Se dice que el pozo del castillo, de unos 30 metros de profundidad, lo excavaron en la roca tres prisioneros turcos a los que se prometió la libertad si llegaban al agua. Tras años de trabajo la encontraron… y no los liberaron. Una inscripción junto al pozo diría: «Tienes agua, pero no tienes alma».
Otra leyenda sostiene que Vlad III, el Empalador —el Drácula histórico—, estuvo preso aquí siete años. Los visitantes hablan de zonas frías, pasos y sombras en la Sala de los Caballeros y en la cámara de tortura.
¿Realidad o leyenda?
El pozo y su inscripción existen, aunque algunos estudiosos leen la inscripción como un simple registro del hombre que excavó el pozo, no como una maldición. Vlad III estuvo retenido por Matías Corvino en las décadas de 1460 y 1470, pero los historiadores sitúan su cautiverio en Hungría, en Visegrád y Buda, no en Hunedoara.
Cómo visitarlo
El castillo de Corvin abre casi todos los días del año. Hunedoara está en el oeste de Transilvania, a una distancia razonable por carretera de Sibiu, Timișoara y Cluj-Napoca.